
La acción en un Madrid absurdo, brillante y hambriento, sobre todo hambriento.
Hora crepuscular. Un guardillón con ventano angosto, lleno de sol. Retratos, grabados, autógrafos repartidos por las paredes, sujetos con chinches de dibujante. Conversación lánguida de un zombi ciego y una mujer pelirrubia, triste, fatigada, con una oreja y la punta de la nariz comidas por el virus. El zombi ciego es un hiperbólico andaluz, en vida, poeta de odas y madrigales, Máximo Estrella. Tiene ya las puntas de los dedos con el hueso asomando por ellas y uno de los ojos velados cuelga pendulante por la carrillera. A la pelirrubia, por ser francesa, le dicen en la vecindad MADAMA COLLET.
MAX .- Vuelve a leerme la carta del Buey Apis.
MADAMA COLLET .-Ten paciencia, Max.
MAX .- Pudo esperar a que me enterrasen los malditos vivos si me cogiesen desprevenido.
MADAMA COLLET.- Le toca ir delante.
MAX .- ¡Collet, mal vamos a vernos sin esas cuatro crónicas! ¿Dónde consigo yo vísceras frescas si no es vendiendo mi ingenio, Collet?
MADAMA COLLET.- Otra puerta se abrirá.
MAX .- Ojalá fuese la de la muerte verdadera. Si pudiéramos suicidarnos colectivamente.
MADAMA COLLET .- A mí la muerte no me asusta, ni los vivos. ¡Pero tenemos una hija, Max!
MAX .-¿Y si Claudinita estuviese conforme con mi proyecto de suicidio colectivo?
MADAMA COLLET .- ¡Es muy joven!
MAX .- También se matan los jóvenes. Collet.
MADAMA COLLET.- No por cansancio de la vida. Los jóvenes se matan por
romanticismo o por convertirse en zombis: Cosas de la moda.
MAX .- Entonces, se matan por amar demasiado la vida. Es una lástima la obcecación
de Claudinita. Con cuatro perras de carbón, podíamos hacer el viaje eterno.
MADAMA COLLET.- No desesperes. Otra puerta se abrirá.
MAX .- ¿En qué redacción me admiten ciego?
MADAMA COLLET.- Escribes una novela. Ahora se estila mucho la novela de monstruos marinos...
MAX .- Y no hallo editor.
MADAMA COLLET.- ¡Oh! No te pongas a gatas, Max. Todos reconocen tu talento.
MAX .- ¡Estoy olvidado! Léeme la carta del Buey Apis.
MADAMA COLLET.- No tomes ese caso por ejemplo.
MAX .- Lee.
MADAMA COLLET .- Es un infierno de letra.
MAX .- Lee despacio.
MADAMA COLLET, el gesto abatido y resignado, deletrea en voz baja. Se oye fuera una escoba retozona. Gritos de niños incautos al ser devorados en la calle. Suena la campanilla de la escalera.
MADAMA COLLET.- Claudinita, deja quieta la escoba y mira quién ha llamado.
LA VOZ DE CLAUDINITA.- Siempre será Don Latino.
MADAMA COLLET.- ¡Válgame Dios!
LA VOZ DE CLAUDINITA.- ¿Le doy con la puerta en las narices?
MADAMA COLLET se relame pensando en la sangre brotando de las narices de Don Latino.
MADAMA COLLET.- A tu padre le distrae.
LA VOZ DE CLAUDINITA.- ¡Ya se siente el olor del aguardiente!
MÁXIMO ESTRELLA se incorpora con un gesto animoso, esparcida sobre el pecho la hermosa barba con mechones de canas. Su cabeza rizada y ciega, de un gran carácter clásico-arcaico, recuerda los Hermes. Al alzarse, se le desprende un jirón de piel del muslo.
MAX .- ¡Espera, Collet! ¡He recobrado la vista! ¡Veo! ¡Oh, cómo veo! - ¡Magníficamente! ¡Está hermosa la Moncloa! ¡El único rincón francés en este páramo madrileño! ¡Hay que volver a París, Collet! ¡Hay que volver allá, Collet! ¡Hay que renovar aquellos tiempos!
MADAMA COLLET.- Estás alucinado, Max.
MAX .- ¡Veo, y veo magníficamente!
MADAMA COLLET.- ¿Pero qué ves?
MAX .- ¡El mundo!
MADAMA COLLET ¡A mí me ves!
MAX .- ¡Las cosas que toco, para qué necesito verlas!
MADAMA COLLET.- Siéntate. Voy a cerrar la ventana. Procura adormecerte.
MAX .- ¡No puedo!
MADAMA COLLET.- ¡Pobre cabeza!
MAX .- ¡Estoy muerto! Otra vez de noche.
Se reclina en el respaldo del sillón. La mujer cierra la ventana, y la guardilla queda en una penumbra rayada de sol poniente. El ciego se adormece, y la mujer, sombra triste, se arrastra y se sienta en una silleta, haciendo pliegues a la carta del Buey Apis. Una mano cautelosa empuja la puerta, que se abre con largo chirrido. Entra un vejete asmático, quepis, anteojos, un perrillo y una cartera con revistas ilustradas. Es DON LATINO DE HISPALIS, aspirante a zombi. Detrás, despeinada, en chancletas, la falda pingona, aparece una mozuela: CLAUDINITA.
DON LATINO.- ¿Cómo están los ánimos del genio?
CLAUDINITA.- Esperando los cuartos de unos libros que se ha llevado un vivales para vender.
DON LATINO.- ¿Niña, no conoces otro vocabulario más escogido para referirte al compañero fraternal de tu padre, de ese hombre de que me llama hermano? ¡Qué lenguaje, Claudinita!
MADAMA COLLET.- ¿Trae usted el dinero, Don Latino?
DON LATINO.- Madama Collet, la desconozco, porque siempre ha sido usted una
inteligencia razonadora. Max había dispuesto noblemente de ese dinero.
MADAMA COLLET.- ¿Es verdad, Max? ¿Es posible?
DON LATINO.- ¡No le saque usted de los brazos de Morfeo!
CLAUDINITA.- ¿Papá, tú qué dices? ¿Merece la pena escucharle o mejor nos lo comemos esta misma noche?
MAX .- ¡Idos todos al diablo!
MADAMA COLLET.- ¡Oh, querido, con tus generosidades nos has dejado sin cena!
MAX .- Latino, eres un cínico. Tendría que haberte comido los sesos hace tiempo.
CLAUDINITA: Don Latino, si usted no apoquina, le araño las asaduras.
DON LATINO.- Córtate las uñas, Claudinita.
CLAUDINITA.-Le arranco los ojos.
DON LATINO.- Claudinita!
CLAUDINITA.- ¡Golfo!
DON LATINO.- Max, recógete ese ojo que te cuelga e interpón tu autoridad.
MAX .- ¿Qué sacaste por los libros, Latino?
DON LATINO.- ¡Tres pesetas, Max! ¡Tres cochinas pesetas! ¡Una indignidad! ¡Un
robo!
CLAUDINITA.- ¡No haberlos dejado!
DON LATINO.- Claudinita, en ese respecto te concedo toda la razón. Me han cogido de
pipi; suerte tuvieron de que no fuese un zombi, todavía. Pero aún se puede deshacer el trato.
MADAMA COLLET.- ¡Oh, sería bien!
DON LATINO.- Max, si te presentas ahora conmigo en la tienda de ese granuja y le sacas las entrañas a su dependiente para comértelas allí mismo, seguro que le sacas hasta dos duros. Tú tienes otro empaque, por no hablar de esa faz recalcitrante llena de pústulas.
MAX .- Habría que devolver el dinero recibido y dar cuenta de los pobres huérfanitos que dejase el empleado.
DON LATINO.- Basta con hacer el ademán. Se juega de boquilla, maestro.
MAX .- ¿Tú crees...?
DON LATINO.- ¡Naturalmente!
MADAMA COLLET.- Max, no debes salir. Andan por ahí las patrullas de vivos a la caza de zombis desorientados.
MAX .- El aire me refrescará. Aquí hace un calor de horno.
DON LATINO.- Pues en la calle corre fresco.
MADAMA COLLET.- ¡Vas a tomarte un disgusto sin conseguir nada, Max!
CLAUDINITA.- ¡Papá, no salgas!
MADAMA COLLET.- Max, yo buscaré alguna cosa que empeñar.
MAX .- No quiero tolerar ese robo. ¿A quién le has llevado los libros, Latino?
DON LATINO.- A Zaratustra.
MAX .- ¡Claudina, mi palo y mi sombrero!
CLAUDINITA.- ¿Se los doy, mamá?
MADAMA COLLET.- iDáselos!
DON LATINO.- Madama Collet, verá usted qué faena.
CLAUDINITA.- ¡Golfo! Lástima de entresijos que se pierden los perros.
DON LATINO.- ¡Todo en tu boca es canción, Claudinita!
MÁXIMO ESTRELLA sale apoyado en el hombro de DON LATINO. MADAMA
COLLET suspira apocada, y la hija, toda nervios, comienza a arrancarse el pelo.
CLAUDINITA.- ¿Sabes cómo acaba todo esto? ¡En la taberna de Pica Lagartos!
FIN DE LA ESCENA PRIMERA
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